León, Gto.- Lupita todavía no sabe la historia que algún día podrán contarle sus abuelos. No sabe que llegó al mundo demasiado pronto, con apenas 27 semanas de gestación y un peso de 800 gramos. Tampoco sabe que mientras ella comenzaba a luchar por vivir, su mamá, Mariana, se despedía de este mundo y se convertía en donadora de órganos y tejidos.
Han pasado dos meses.
Hoy Lupita pesa 1.2 kilogramos, continúa hospitalizada y poco a poco ha ido superando los obstáculos propios de haber nacido tan prematuramente.
Pero para su familia, cada gramo ganado significa mucho más que una cifra en una báscula.
“Cuando la veo y la cargo es como si estuviera viendo a su mamá porque se parece a ella”, contó María, abuela de la pequeña.
La mujer reconoce que hay momentos en los que inevitablemente piensa en todo lo que Mariana ya no podrá vivir junto a su hija.
“Me da nostalgia saber y pensar que son muchas cosas que no va a vivir su mamá con ella”, expresó.
Y entonces resume en unas cuantas palabras lo que Lupita representa ahora para toda la familia:
“Gracias a esto podemos decir que tenemos un pedacito de mi hija con nosotros”.
Una lucha que comenzó desde el nacimiento
Desde que nació, Lupita permanece bajo atención especializada en la Unidad Médica de Alta Especialidad Hospital de Gineco-Pediatría No. 48 del IMSS, en León.
Su camino no ha sido sencillo.
El doctor Fernando Barbosa Aguilar, jefe del Departamento Clínico de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, informó que inicialmente recibió ventilación no invasiva; posteriormente presentó apnea y tuvo que ser intubada aproximadamente durante una semana. Después pasó a ventilación nasal y actualmente recibe apoyo mediante cánulas nasales de alto flujo.
También enfrentó una sepsis temprana, por la cual recibió tratamiento con antibióticos.
Debido a su edad gestacional, los médicos realizaron estudios especializados para detectar posibles sangrados y otras complicaciones asociadas con la prematurez. Hasta ahora, los resultados han sido favorables.
Leche materna desde Irapuato
La muerte de Mariana planteó además otro desafío: Lupita necesitaba alimentación adecuada para una bebé extremadamente prematura, pero ya no podía recibir leche directamente de su mamá.
Fue entonces cuando intervino el Banco de Leche Materna Pasteurizada ubicado en Irapuato, que inicialmente proporcionó diez frascos para contribuir a su alimentación.
Más adelante, la bebé presentó intolerancia a la vía oral por una posible alergia a la proteína, por lo que los médicos modificaron nuevamente su alimentación.
La respuesta ha sido favorable.
De aquellos 800 gramos con los que llegó al mundo —y después de incluso perder peso durante sus primeros días— Lupita ha alcanzado ya los 1.2 kilogramos.
La siguiente meta es llegar aproximadamente a 1.8 kilogramos. Si su evolución continúa favorable, los especialistas podrán valorar su traslado a otra unidad para continuar con su crecimiento y desarrollo y, eventualmente, algo que su familia espera desde hace dos meses: llevarla a casa.
“Su mamá quería ese nombre”
También hay una historia detrás de su nombre.
Su abuela contó que fue Mariana quien quiso llamarla Lupita y que su padre la encomendó a la Virgen de Guadalupe.
Ahora son sus abuelos quienes acuden a verla, esperan su crecimiento y acompañan una historia marcada al mismo tiempo por la pérdida y por la vida.
“Queremos lo mejor para ella, darle una vida buena, estable”, expresó Felipe, abuelo de la pequeña.
El equipo médico considera actualmente que el pronóstico de Lupita es bueno para la vida y la función.
Así que, por ahora, la misión de esta pequeña es aparentemente sencilla, aunque para una bebé que llegó al mundo a las 27 semanas representa una enorme batalla: respirar cada vez con menos ayuda, alimentarse, ganar peso y seguir creciendo.
Algún día Lupita conocerá la historia completa.
Sabrá que comenzó su vida en medio de una despedida. Que mientras su mamá dejaba este mundo y daba a otras personas una oportunidad a través de la donación de sus órganos y tejidos, ella iniciaba su propia lucha por quedarse.
Y sabrá también por qué, cuando su abuela la cargaba durante aquellos primeros meses, encontraba en su rostro algo que ninguna pérdida había podido llevarse del todo:
un pedacito de Mariana.